Cinco innovaciones que han promovido los derechos de las mujeres

Desde la Internet hasta la bicicleta, enumeramos aquí algunos de los inventos que hoy damos por hecho pero que han repercutido en las vidas de las mujeres y niñas de todo el mundo.

El bidón-rodillo para el transporte de agua

El acceso al agua limpia es una necesidad humana. La necesitamos para beber, limpiar, cocinar, asearnos y mucho más. Sin embargo, todavía hoy 2100 millones de personas —cerca del 30 % de la población mundial— no tienen acceso al agua potable con libre disponibilidad en sus hogares. Por desgracia, los millones de mujeres y niñas que representan la crisis del agua, en particular en zonas rurales, se ven desproporcionadamente afectadas debido a que cargan con la tarea de recoger agua. La tarea implica mayor riesgo de sufrir violencia en los a menudo peligrosos caminos para recoger agua, menos tiempo para otras actividades —como trabajo con generación de ingresos, asistencia a la escuela o incluso actividades de ocio y esparcimiento—. Todo esto impide que las mujeres y las niñas vivan con plenitud. En un intento por reducir la exigencia física y el tiempo que implica recoger agua en las difíciles condiciones rurales, dos sudafricanos inventaron, a principios de los noventa, el bidón rodante, hoy comúnmente denominado bidón-rodillo para el transporte de agua. Este bidón —un tambor con forma de tonel que rueda sobre el suelo— puede transportar hasta cinco veces más agua que un solo balde. Hasta la fecha, el invento ha cambiado las vidas de medio millón de personas en más de 20 países. Si bien no es una solución permanente para la crisis del agua, junto con otras soluciones innovadoras, como el filtro de agua de uso personal LifeStraw, constituye una iniciativa destacada para mejorar las vidas de mujeres y niñas en comunidades rurales.

Foto : UN Photo/Albert González Farran




La bicicleta

Símbolo de la “feminidad libre de ataduras”, según las elocuentes palabras de la activista estadounidense por los derechos de las mujeres Susan B. Anthony, la bicicleta permitió que las mujeres circularan libremente por primera vez, cuestionó los estereotipos impuestos respecto de la fuerza física de las mujeres y transformó los códigos de vestimenta. Coincidiendo con la primera ola del feminismo, a mediados de los años ochenta del siglo XIX, un ingeniero inglés inventó la bicicleta moderna, tal como la conocemos hoy, como alternativa al impráctico biciclo de la época, que consistía en una rueda delantera grande y en una rueda trasera mucho más pequeña. Si bien la bicicleta no fue pensada para las mujeres, irónicamente, les brindó autonomía: en la época, gracias a las bicicletas, las mujeres pudieron circular libremente sin tener que depender de acompañantes, carruajes o caballos en algunas regiones del mundo. Por supuesto, esta libertad conferida encontró una reacción: se advirtió que las mujeres que montaban en bicicletas eran “inmorales”, y los médicos llegaron a decir que podrían sufrir un terrible mal denominado “cara de bicicleta”, por el que la apariencia y la piel de las mujeres corrían un riesgo especial.  A medida que los mitos y la popularidad de la bicicleta aumentaban, las mujeres no cedieron. Tanto las mujeres victorianas como las reformistas exigieron vestimentas más sensatas y ropa interior más holgada para poder montar las bicicletas. En otras regiones, también se cuestionaban las ideas predominantes de la feminidad: Annie Londonderry, una inmigrante letona en los Estados Unidos, se convertía en la primera mujer en recorrer el mundo en bicicleta entre 1894 y 1895. Más de un siglo después, la carrera por la igualdad no ha alcanzado la meta.


Foto : John Oxley Library, State Library of Queensland via Wikimedia Commons



Internet

De manera similar a lo que sucedió con la aparición de la imprenta, la radio, la televisión y el teléfono, la Internet ha revolucionado la manera en que las mujeres y las niñas viven. Ya sea mediante sitios web, redes sociales, mensajes instantáneos o por correo electrónico, se han abierto nuevas vías para el activismo en línea, la generación de comunidad, las oportunidades laborales y el aprendizaje, la mayor toma de conciencia y el compromiso con los problemas que atentan contra los derechos de las mujeres; asimismo, todo ello permitió que las mujeres emprendieran negocios, iniciaran campañas políticas y mucho más. Gracias a las redes sociales, con los movimientos provocados por #MeToo y #NiUnaMenos,  así como por #TimesUp, entre otros, se han logrado exponer las desigualdades de género y la violencia contra las mujeres como nunca antes, y presionar en el funcionariado del ámbito público y privado para generar cambios. Al igual que sucede con cualquier otra tecnología, la Internet tiene su faceta negativa: las desigualdades que existen fuera de línea, como la misoginia, el hostigamiento, el odio, el acoso y la trata, han logrado permear en línea. La desinformación en torno de los derechos de las mujeres amenaza con revertir los derechos conquistados. Asimismo, para el 49 % de la población mundial que no tiene acceso a la Internet, la brecha digital coloca a los segmentos más pobres y vulnerables en desventaja, ya que no cuentan con las competencias adecuadas y la educación necesaria para sobrevivir en la economía actual de rápida evolución que posibilitó la tecnología. Atender esta grieta será fundamental en los próximos años.


Foto : Unsplash





Toallas sanitarias

¿Cómo se sentiría si tuviera que usar lana, musgo, piel de animal, harapos, papel de periódico o un cinturón menstrual durante sus períodos? Si le parece extravagante, lo es; al igual que los mitos más extravagantes aún de que las mujeres, durante sus períodos, deben permanecer recluidas en soledad, están sucias, pueden pudrir los alimentos o incluso ser devoradas por tiburones al nadar. Sin embargo, recién hace más de un siglo se inventaron las toallas sanitarias desechables, cuando las enfermeras francesas trataban de controlar circunstancialmente las hemorragias excesivas de los soldados. Para finales del siglo XIX, comenzó a comercializarse la primera toalla desechable, pero fue tan sólo varias décadas después se convirtió en un artículo más práctico y asequible para las mujeres (si podían pagarlo). Este importante invento mejoró la higiene y la salud de las mujeres, así como su índice de asistencia escolar, sus medios de vida y oportunidades económicas. Sin embargo, aún hoy, pese a algunas iniciativas, las toallas sanitarias siguen siendo inalcanzables para millones de mujeres en situación de pobreza. Muchos países gravan impuestos sobre estos artículos, segmentados incluso como artículos “de lujo”. Más allá del acceso a las toallas sanitarias, los períodos siguen siendo un tema tabú. En algunos países, el estigma y la discriminación en torno a la menstruación impide que las mujeres y niñas puedan acceder a espacios físicos como sus hogares, escuelas, lugares de trabajo o de culto. Si tan sólo existiera un invento que pudiera eliminar la discriminación contra las mujeres...

Foto : UN Women/Jeongwon Seo






Pantalones

Desde las gorras de color rosa hasta los trajes pantalón, la ropa de las mujeres tiene el poder de cambiar estereotipos, transformar las nociones de identidad de género y ser símbolo de resistencia y fortaleza. Y, bueno, a veces simplemente es una cuestión práctica. Porque tampoco vas a ir en bicicleta con un vestido victoriano que pesa dos kilos. Es mejor llevar pantalones, ¿verdad? Pues bien, quienes insisten en recordar cuál debe ser el lugar de las mujeres piensan de otro modo. De hecho, la evolución de los pantalones refleja de manera fascinante cómo la moda, el feminismo y el sexismo están estrechamente relacionados. Pensemos, por ejemplo, en la emblemática heroína de guerra francesa Juana de Arco, conocida por vestirse como un hombre con armadura, guerrera y calzas. Cuando en 1431 los ingleses la quemaron en la hoguera por herejía, ¿cuál fue uno de los mayores cargos contra ella? Llevar ropa de hombre. Varios siglos después, las mujeres se enfrentaron a la oposición por llevar pantalones holgados en el siglo XIX y se las arrestaba por llevar esta prenda a principios del siglo XX. Como en muchos casos de la historia, la realidad dicta la moda y la moda empuja los límites: por ejemplo, la Primera y la Segunda Guerra Mundial propiciaron que las mujeres llevaran pantalones al tener que asumir trabajos tradicionalmente masculinos. A medida que el mundo laboral fue cambiando para millones de mujeres, pioneras como la diseñadora francesa Coco Chanel revolucionaron la moda sentando las bases del traje pantalón, una prenda de dos piezas que adoptaron las mujeres que se incorporaban al trabajo y que hoy es un símbolo de poder. Además, para las millones de mujeres en situación de pobreza que trabajan hoy en día en el campo o en las fábricas, llevar ropa más suelta y tradicionalmente masculina no es tanto una declaración de moda sino una necesidad de estar activas, ganarse el sustento y poner comida en la mesa. 

Foto : Wikimedia Commons


Fuente:unwomen.org

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